LA AFICIÓN

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Foto Manu Socarrás @M_Socarras

El bético, en mi humilde opinión, nunca ha sido un amasador de expectativas autocreadas, el bético es más bien, un generador nato de ilusión, por eso, como ya comenté en alguna ocasión, el bético es inmune a la derrota, pero no puede soportar la ausencia, sin Betis, no hay ilusión que crear, y al bético este año, le ha vuelto a faltar el Betis en demasiadas ocasiones.

Y no digo esto por los mediocres resultados cosechados, para mi se ha cumplido un sueño, hasta hace bien poco mi aspiración era que las temporadas mediocres del Betis se materializaran en un deambular insulso por la mitad de la tabla.

No lo digo tampoco por la sucesión de infames imágenes que hemos ofrecido en demasiados partidos, más bien considero, que la decepción viene de la confianza traicionada, de haber entregado el corazón a un entrenador en el que el bético creyó ver a ese hombre sensato que la historia pone cada muchos años en nuestro camino, ajeno a este frenesí que a veces nos ciega, pero a la vez sensible al sentimiento más grande del mundo, ese hombre que venido de fuera de la ciudad del Betis, encaja a la perfección en el galimatías eterno de nuestra existencia y es capaz de encauzar el apabullante torrente de emociones que constituye la afición del Betis, dirigir todo ese auténtico arsenal de pasión hasta hacerlo fluir por entero en la misma dirección, apoyarse en esa fuerza imparable y conseguir el éxito desde la atalaya de la incansable fe de los béticos de a pie.

Ocurrió con O’Connell, con Villamarín, con Serra…, nuestro lustre, siempre necesitó de un timonel, que desprovisto de la ingente carga de implicación sentimental que nos aborda, aunara todos los esfuerzos y como digo, fuera capaz de encauzarlos en el mismo sentido.

En 40 años de vida, tan solo oí corear a tres entrenadores en mi estadio, el último de ellos fue Quique Setién, estoy seguro, que el bético se ilusionó de verdad con él.

Pero en estas, cometió un error gravísimo, casi imperceptible cuando los resultados acompañan, empezó a hablar del Betis en tercera persona, en cualquier otro club pasaría inadvertido, pero este, y ya se lo dijimos, no es cualquier otro club.

En 40 años de vida, tan solo oí corear a tres entrenadores en mi estadio, el último de ellos fue Quique Setién, estoy seguro, que el bético se ilusionó de verdad con él.

Por ahí se abrió el hueco de la desconfianza, y posteriormente, una sucesión de ruedas de prensa y declaraciones a cada cual menos afortunada, en las que, seguramente sin esa intención, llegó a ningunear a la mejor afición del mundo, lo dejaron a merced del resultado, escenario peligrosísimo cuando del Betis se habla.

Contrariamente a lo que él mismo piensa, la gente aquí quiere ganar, si, pero ganar no es lo primero, lo primero es el Betis, y Quique, anda desafortunado en lo de ganar, pero es que su bagaje en lo del Betis es absolutamente aciago.

Como algunos sabrán, soy miembro de una peña que se llama ¿De quién es la culpa hoy?, está fundada y federada en uno de esos momentos en los que lo único que nos quedaba de Betis éramos nosotros mismos, es producto de ese grito de rebelión ante todo que significa el manquepierda.

Cometió un error gravísimo, casi imperceptible cuando los resultados acompañan, empezó a hablar del Betis en tercera persona, en cualquier otro club pasaría inadvertido, pero este, y ya se lo dijimos, no es cualquier otro club

Aquel año, el equipo sumó 25 puntos, cupo culpar de aquello a todo el mundo, absolutamente a todo el mundo, pero jamás se cuestionó a la afición.

Entre otras cosas, porque cuando comenzó la liga de la temporada siguiente, en segunda división, el primer partido lo disputó el Betis en Sabadell, y tan solo fueron 6.000 béticos

Objetivamente hablando, no creo que fuera un problema que durante toda aquella temporada la afición  derramara dignidad por estadios por los que el Betis no debería aparecer ni en trofeos de verano, es más, considero que eso ayudó bastante a conseguir el objetivo, se ascendió, y el ascenso nos permitió afrontar desde primera división el reto de la supervivencia.

En segunda división, el primer partido lo disputó el Betis en Sabadell, y tan solo fueron 6.000 béticos

Para ello, la afición tuvo que culminar un proceso  judicial de años iniciado por béticos y para béticos, tuvo que luchar casa a casa, bético a bético, porque existía el riesgo real de que el amor de nuestras vidas cayera en manos ajenas, el Betis tenía tantos problemas que la deplorable imagen deportiva era casi el menor de ellos, y es un dato objetivo, que sin el concurso y la implicación de su gente, este proceso por el que el Betis ha quedado en manos de los béticos minoritarios (que son la actual mayoría de la composición accionarial) no hubiera sido posible, de hecho hasta el momento no se ha dado en ningún club del mundo, en las vicisitudes por las que ha tenido que pasar el Betis, la tendencia mundial es más bien la contraria, o se aglutina todo el poder en pocas manos, o en otros casos, se desaparece, se refunda…etc., esta afición, aún contra el pragmatismo de lo que dictaba la razón e incluso la realidad, fue capaz de cambiar su propio destino

Una vez salvado el match ball accionarial, por fin, nos vimos en la posibilidad de emprender el verdadero y único objetivo posible, el de situar el plano deportivo de la institución a la altura de su plano social, de su afición.

Esto, lógicamente no se va a conseguir en un día, pero créanme si les digo, que tener 53.000 socios tras 14 temporadas mediocres en las que se han vivido esperpentos históricos donde más duele, lejos de ser un problema para alcanzar el objetivo, es una bendición.

En la vida real, en todos los clubes del mundo, alcanzar los 50.000 socios es la consecuencia de situar la institución entre las que más veces ganan, de hecho, se gana para obtener masa social, aquí, es absolutamente al contrario, la masa social se moviliza, para intentar alcanzar los éxitos. 

Tener 53.000 socios tras 14 temporadas mediocres en las que se han vivido esperpentos históricos donde más duele, lejos de ser un problema para alcanzar el objetivo, es una bendición

El problema, jamás puede ser que vayan 50.000 al Villamarín, para sí querrían eso todos nuestros competidores, el problema no puede ser que la peor entrada de la temporada sea de 30.000 espectadores, el problema no puede ser que el Betis no conozca lo que es jugar fuera de casa porque siempre hay béticos en cada estadio que visita el equipo, el problema no puede ser como con algo de sorna insinuó el entrenador, que vayan 7.000 béticos a Milán, porque es Milán, no señor Setién, cuando hubo que ir a Sabadell, también estaban, y si Dios no lo quiera, hubiera que volver, ya verá usted como vuelven a estar.

El problema no puede ser que el bético sea absolutamente pasional con el Betis, el problema quizás sea, que usted no solo no ha contado jamás con la afición, sino que a las buenas ha sido altivo y a las malas ha pretendido seguir siéndolo dándonos lecciones de fútbol como si hasta el día de hoy no hubiéramos visto nada mejor.

El problema quizás sea, que hasta las últimas consecuencias el Betis ha apostado por usted, y usted, aún no ha se ha deshecho de sus prejuicios para apostar de verdad por el Betis.

El problema no puede ser como con algo de sorna insinuó el entrenador, que vayan 7.000 béticos a Milán, porque es Milán, no señor Setién, cuando hubo que ir a Sabadell, también estaban, y si Dios no lo quiera, hubiera que volver, ya verá usted como vuelven a estar

No me gusta pitar, no me gusta el ambiente que se genera  en el estadio cuando muchos béticos pitan.

Como todos, sufro cada derrota, es un puñal en mi pecho cada ridículo, me pueden los males del Betis y acabaría con todo lo acabable cada vez que se dan esas situaciones que lamentablemente continúan dándose con demasiada frecuencia.

Sin embargo, cuando pasan una horas, algo innato en mi acaba floreciendo, a eso del martes mi corazón vuele a ser un enjambre de ilusión, y lo único que me sale es quererlo, volver a andar el camino que me separa de Heliópolis con la fe por bandera, abrazarme a mis hermanos y cantar nuestro himno con el único límite de la capacidad de mis pulmones.

Soy absolutamente abnegado, porque eso es lo que nos hizo distintos, estamos dispuestos a pasar, hemos pasado de hecho, por lugares ante los que cualquier otro se habría batido en retirada, “quién puede vencer a quien nunca va a cansarse” dijo Alberto García Reyes, esa es nuestra fortaleza, por eso hemos sido envidiados, esa es la leyenda que nos dio a conocer en todo el mundo, lo que nos diferencia del resto, y lo que es más importante, ese carácter es el que nos ha valido la subsistencia un buen puñado de veces a lo largo de la historia, y conociendo el paño, no nos despojemos de esto, porque cuando vengan mal dadas, el manquepierda, el estar todos juntos apiñados como balas de cañón, volverá a ser nuestra única arma. 

En el último partido, la gente protestó contra el entrenador, no soy ningún erudito del fútbol, como mero aficionado, considero que se ha equivocado bastantes veces en el plano deportivo, y todas en el plano social, aun así, no fui de los que pitó, siempre me sale animar al Betis, siempre me puede la irracionalidad, siempre la abnegación, me entristece la división en mi casa, y además, no acepto las lecciones de exigencia que promueve la mafia palangana que domina la prensa de nuestra ciudad y que vuelven a renacer a la luz de los malos resultados, (se conoce que el año pasado sufrimos todos un impás de exigencia) no ha habido ni hay ninguna afición del mundo más exigente que la nuestra, al menos de momento, ninguna ha echado literalmente al dueño del club, cuando me hablen de exigencia no me hablen de chillar a un futbolista desde la butaca, háblenme de jugarse el patrimonio personal, el tiempo, el prestigio, de luchar en los tribunales, de movilizar a la gente para que invierta su dinero en acciones que les conceden derechos colectivos, pero  ninguna ventaja individual, solo la fe en un escudo, eso es exigencia, lo demás será lo que sea, pero lecciones de exigencia al beticismo ninguna.

Ahora bien, redimensionemos, somos muy dados a magnificar todo, hubo una clara y mayoritaria protesta contra el entrenador, si, cierto, hubo pitada a la salida de los futbolistas, que dicho sea de paso venían de hacer el enésimo ridículo de la temporada, cierto, hubo varias fases de gritos contra Quique, cierto igualmente, y si me lo permiten previsible y hasta normal, en el mundo del fútbol ha pasado y pasará.

Cuando me hablen de exigencia no me hablen de chillar a un futbolista desde la butaca, háblenme de jugarse el patrimonio personal, el tiempo, el prestigio, de luchar en los tribunales, de movilizar a la gente para que invierta su dinero en acciones que les conceden derechos colectivos, pero  ninguna ventaja individual, solo la fe en un escudo

Lo que no considero tan normal, es que esa protesta de muchos, se haya convertido para otros en el problema del Betis.

Recapacitemos, no podemos pensar que ningún bético puede querer que pierda el Betis para que cesen a Setién, no cabe en mi cabeza que ningún bético de verdad pudiera poner el cese de Setién o su animadversión al entrenador por encima de los intereses del Betis, pero tampoco culpemos del problema del Betis a su gente, no le digamos al que estuvo en Santander, en Salamanca, en Ponferrada, en Alcorcón, en Albacete, en el mini estadi, en Sabadell…, no le digamos al que mantuvo la dignidad de las 13 barras cuando no había institución, que el problema es él, porque reitero, si Dios no lo quiera, alguna vez hay que volver a esos sitios, no me cabe la menor duda de quién va a estar allí, y tengo meridianamente claro quien no estará.

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