La naturaleza de las cosas

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A veces, y no es la primera vez que lo refiero desde estas líneas, resulta imposible luchar contra la naturaleza de las cosas.

Se fue la temporada del regreso, el año en que el Betis volvió a su manera, la de siempre, pero que últimamente parecía olvidada y solo habitaba en la fe de una gente que jamás dejó de creer.

Fiel al sima y cima de nuestra historia, el ave fénix renace una vez más de sus cenizas, y aún con tardes para olvidar, por fin se dieron también algunas inolvidables, gran temporada en general, y la sensación para el próximo curso, de que al saco de la ilusión se le añade esta vez algo de fundamento. 

Personalmente, sin embargo, me resulta bastante molesta la forma en la que han terminado las cosas.

Cierto es que es lógica la bajada de tensión que pareció sufrir el equipo tras el partido del Málaga, cierto igualmente, que mucho mejor que estas cosas pasen con el curso ya aprobado, pero no menos cierto, que en esos detalles se diferencian los buenos equipos de los grandes equipos, y es una lección que debemos aprender.

Tras el partido de Bilbao, se presentaba un derbi en forma de guinda del pastel, que no supimos rematar.

A un inicio absolutamente arrollador, le siguió un período en el que el equipo pareció verse superado por su propio ímpetu, incapaz de agarrar algo que ya tenía casi en las manos, y como en fútbol hasta el rabo todo es toro, el partido acabó por ponerse muy feo, tanto, que a cinco minutos del final la victoria sonreía hacia Nervión, afortunadamente, hubo tiempo de reaccionar, y tras el gol de Loren, pudimos certificar dos circunstancias que eran certezas desde hacía tiempo, a saber:

La primera, que el Betis se clasificaba para jugar competición europea.

La segunda, que la caterva de zafios que dirigen la corrala de la prensa deportiva en Sevilla, está dispuesta a hacer campaña a favor de lo que sea y de quien sea, por ruin que sea, si piensan que con ello pueden perjudicar en algo al Betis, o al menos favorecer a su rival, da igual que el sujeto en cuestión ejemplifique de forma brillante el concepto de sevillanía que sus paniaguados voceros defienden, y da igual si después de mucho tiempo acaba saliendo de Villamarín, tal y como todos lo recordábamos, celebrando empates como si de victorias épicas se trataran, da igual todo, porque como os decía, al final, nadie puede luchar contra su propia naturaleza.

Tras la agridulce despedida de la temporada en casa, jugábamos por el quinto puesto en Leganés, y esta vez, apareció el Betis de las tardes aciagas para terminar de agriar el final de una gran temporada, otro ejemplo de la naturaleza de las cosas, y otro aviso a navegantes.

“Apareció el Betis de las tardes aciagas para terminar de agriar el final de una gran temporada, otro ejemplo de la naturaleza de las cosas, y otro aviso a navegantes”

Como curioso epílogo a la campaña, y hablando de la naturaleza de las cosas y las personas, hace unos días, aparecieron  unas declaraciones de Javier Clemente, en las que afirmaba que el bético no es capaz de sobreponerse a la adversidad, la verdad es que a veces se hace difícil comprender la cuota mediática que corresponde a determinados personajes, me asalta la perplejidad al comprobar lo sumamente atrevida que puede llegar a ser la ignorancia, no pasa de anécdota, pero sirve una vez más de ejemplo de lo complicado que puede llegar a ser escapar a tu propia naturaleza

En resumen mal final para una gran temporada, que inmediatamente ha sido presa de mi voracidad verdiblanca, de tal forma, que aun cuando todavía no ha transcurrido una semana desde todo aquello, en mi absoluta abnegación ya he dado por comenzado el año próximo, que ciertamente, al menos en mi opinión, no ha podido empezar peor, y es que, la deriva actual de las cosas en general, amenaza con llevarse por delante todos los baúles de los recuerdos

Reconozco que soy un manifiesto analfabeto en cuestiones de márqueting y en muchas otras, así que no descarto que se me pueda aplicar a mí mismo el aserto del atrevimiento del ignorante que antes usé para referirme a Clemente.

Es posible, que yo desconozca que el impacto económico que va a suponer modificar el color de las calzonas nos va a permitir optar a futbolistas fuera de nuestro alcance, o incluso quien sabe, nos dé para acometer nuevas obras en el estadio que culminen con la ansiada cubierta.

El caso, es que siempre defendí, que al contrario que en todas las instituciones del mundo, aquí, ganar es lo segundo, porque lo primero es el Betis, por tanto hay que ganar siempre, pero no vale todo.

Resulta irónico, que logrado el sueño del Betis de los béticos, seamos nosotros mismos los que vengamos a desnaturalizar el Betis. Desde mi punto de vista, banalizar los símbolos es el primer paso para perderlos, y esta ligereza a la hora de tratarlos, no puede ser consecuencia más que del desconocimiento integral de la cuestión.

“Resulta irónico, que logrado el sueño del Betis de los béticos, seamos nosotros mismos los que vengamos a desnaturalizar el Betis”

Imagen de posible equipación Betis 2018-2019

Y es que, señores del márqueting, los símbolos, en el Betis, no siguen el patrón de los demás, no hablan de futbolistas de ensueño y noches de plata, los símbolos en el Betis hablan de sangre, de marchamo de esperanza, no reparan en el gol sino en la alegría, no hablan de certeza sino de fe, los símbolos del Betis no hablan de resultados, sino de abuelos que te llevan de la mano palmera abajo, de ser firme en la bendita locura que heredaste, a diferencia del resto del mundo, los símbolos del Betis, no hablan de historia del césped sino de la grada, del beso de tu madre mientras te anudabas la bufanda, de pellizco en el pecho cuando sales hacia la gloria incierta que se esconde en Heliópolis, los símbolos en el Betis, señores del márqueting, no hablan de dinero y campeonatos, hablan de los que fueron y los que serán, porque señores del marqueting, el Betis es la vida de la gente, y cuando las cosas han ido mal, que les aviso, ha sido muchas veces, no hubo mayor consuelo que aferrarse a nuestros símbolos, ese  ha sido nuestro único aval y nuestra gran victoria, el afán, la pura convicción  de saber que somos distintos a los demás, aún contra la evidencia misma, ese y no otro es el origen de todos los buenos momentos, y el bastión en todos los malos, porque señores del márqueting, tras cada derrota estuvo siempre la honra de levantarse por aquellos que nos legaron la palabra Manquepierda y tras cada llaga en nuestro orgullo, estuvo siempre la dignidad de enseñar a los pequeños  que las heridas del corazón solo se curan con más Betis, porque la mágica jugada del Bernabéu, señores del marqueting, aunque Sanabria fuera el último en tocar la pelota, en realidad la remató el beso de mi hijo Curro cuando llegué a casa, y porque la arrancada de Tello, señores del márqueting, valió el abrazo que ya jamás podré darle a mi padre, por eso señores del márqueting, preferiré siempre perder vistiendo del Betis que ganar vistiendo de otra cosa, porque hace años aprendí que todo lo bueno o lo malo que le pase, me pasa a mí también, que el Betis es mi forma de querer, de soñar y de sufrir, y por tanto señores del márqueting,  si ustedes banalizan los símbolos del Betis, están banalizando mi vida, y ya sé que eso les da exactamente igual, pero comprendan que yo se lo reprocharé siempre, a ustedes y a quienes lo permiten. 

“Aunque Sanabria fuera el último en tocar la pelota, en realidad la remató el beso de mi hijo Curro cuando llegué a casa, y porque la arrancada de Tello, señores del márqueting, valió el abrazo que ya jamás podré darle a mi padre”

Camiseta verde y blanca a rayas verticales y calzonas blancas, esa es la equipación del Betis.

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