A día de hoy

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Cuando creíamos haber espantado los fantasmas de la ausencia, una nueva patada al corazón del bético ha resucitado todas nuestras angustias.

Ocurre esto además en un momento crucial de nuestra historia, que la dejación de funciones sobre el césped, está haciendo pasar inadvertido, y esto me parece verdaderamente peligroso.

Han sido muchos, muchísimos, los béticos que se han jugado su vida literalmente, su patrimonio, su familia, para servirnos en bandeja este trance; y han sido muchos, muchísimos, los béticos que, por edad o por otras circunstancias no pudieron participar en el aquelarre del 92, y han observado la guerra desde las trincheras maldiciendo no poder coger un fusil.

En un ente tan pasional como el Betis, no sabemos cuándo se producirá la próxima batalla, pero si tengo claro, que todos deberíamos participar en ella, se produzca cuando se produzca.

Partiendo del aserto (ojo, no lo juzgo, simplemente me refiero a dar por bueno el razonamiento extendido por gran parte del beticismo) de que, a determinado nivel existen intereses que van más allá del amor incondicional a las 13 barras, la única forma que tenemos, tú y yo, de afrontar la lucha con la esperanza de salir airosos, es estando, y para estar, hay que suscribir acciones.

No podemos dejar pasar la oportunidad de suscribir una mayoría del porcentaje del accionariado, lamentablemente, somos una sociedad anónima, en las sociedades anónimas, las decisiones las toma el consejo de administración, pero a este lo nombran los accionistas, y nuestra única posibilidad es ser los accionistas mayoritarios del Betis, solo así podremos evitar volver a padecer ese escalofrío que todos hemos sentido alguna vez, cuando la desaparición del Betis o el despojo total de sus valores, que es casi peor, ha llegado a ser una posibilidad cierta.

No podemos dejar pasar la oportunidad de suscribir una mayoría del porcentaje del accionariado, lamentablemente, somos una sociedad anónima, en las sociedades anónimas, las decisiones las toma el consejo de administración, pero a este lo nombran los accionistas

Este larguísimo y penosísimo proceso, que ha tenido un reflejo constante sobre la parcela deportiva, está a punto de culminar, esta catarsis en la que una vez más hemos enfrentado a la lógica y a los tiempos, que marcan otra dirección totalmente opuesta en cuanto a la propiedad de los clubes, se encuentra a expensas del último empujón, que como siempre, recae en el tan denostado bético de a pie. Completemos este proceso, por dos razones, una porque más allá de la situación actual, tenemos que tener altura de miras, el Betis debe seguir, debe seguir porque no nos pertenece, no podemos apropiarnos  de él, el Betis es un sueño que alguien esculpió para mi y que yo moldeo para mis hijos; como béticos, no somos más que el eslabón histórico al servicio, siempre y únicamente al servicio, de la conservación y difusión de los valores del Betis; la segunda razón, es que completar este proceso es la única posibilidad que tendremos de juzgar nuestro pasado, nuestro presente y asegurar nuestro futuro.

Cierto es, que en el estado de ánimo del bético puede pesar, perdón, pesa segurísimo, la situación deportiva actual, en la que los profesionales transmiten dudas y el bético percibe ausencia de Betis, ahora me centraré en esto, pero concluyo con el asunto de las acciones, afirmando, que este mal momento, debe servir de acicate a la espontaneidad que siempre nos ha caracterizado, de hecho reitero, que llegado el caso, la única posibilidad de influir sobre estas situaciones que tenemos tú, yo, y el hermano desconocido al que nos abrazamos en el Villamarín cada vez que el Betis marca un gol, es ser máximos accionistas del Betis, somos 52.000 abonados, hay que suscribir 36.000 acciones, para los más descreídos apunten el dato, la última junta de accionistas se pudo celebrar por apenas 70 acciones, no le fallemos ahora, porque nunca le hemos fallado.

Por lo que respecta al momento deportivo, y partiendo de la base de que al bético no se le puede pedir nada más, os diré, que yo, como cualquiera de vosotros, habría tomado medidas extremas contra todos los que considero responsables de esta situación.

Tengo, como todos, roída el alma por la absoluta dejación de funciones en la que han incurrido aquellos que son los depositarios de la Fe más grande del mundo, algunos de ellos, ni se han enterado ni se van a enterar jamás, pobrecitos. De nada sirve que se les cuente, que esto no es solo un club de fútbol, que ellos están representando al Betis y que el Betis encarna para nosotros la vida misma, con sinsabores y alegrías, y que por eso, como ya comenté en una ocasión, el bético es inmune a la derrota, pero no puede soportar la ausencia, y a día de hoy, otra temporada más, no hay Betis.

Sin embargo, yo no soy ni Haro, ni Serra, ni Setién, yo no tengo acceso al vestuario ni al palco, y por tanto, por más que quisiera no puedo tomar medidas al respecto (quizás pronto, entre todos si podamos).

En esta tesitura, y tras digerir a duras penas el último esperpento, caí en la cuenta de algo, en Las Palmas, si hubo Betis, no en el césped, pero sí que acerté a ver gotitas verdiblancas repartidas por el graderío, aquella gente defendía mi escudo a 2.000 kilómetros de distancia, con ellos sí que me sentía representado y de ellos sí que me sentía orgulloso.

Solo unos locos de la cabeza reventarían Villamarín el domingo al grito de Betis, Betis, yo me inclino por esta,  y no por los que salgan al campo vestidos de verde y blanco, sino porque al igual que me pasó el otro día a mi, el domingo, habrá gente a 2.000 kilómetros de distancia pegada a la televisión, queriendo sentirse orgullosos de sus valores

Solo tenemos dos opciones el domingo, vaya por delante, que respetaré lógicamente la que cada cual decida hacer suya, pero está claro que una es la normal y lógica en este momento, y la otra solo se explica desde la locura, solo unos locos de la cabeza reventarían Villamarín el domingo al grito de Betis, Betis, yo me inclino por esta,  y no por los que salgan al campo vestidos de verde y blanco, sino porque al igual que me pasó el otro día a mi, el domingo, habrá gente a 2.000 kilómetros de distancia pegada a la televisión, queriendo sentirse orgullosos de sus valores, queriendo sentirse representados, reiteremos que no somos como los demás, no hablo de actitud ni ánimo ninguno hacia los jugadores, hablo de reafirmar nuestro sentimiento, de una vez más, volver a estar muy por encima de todos los estamentos del club, de manifestarnos a la verdeyblanca manera, de rendir homenaje de respeto a nuestro escudo y nuestra historia, si no lo hacemos nosotros, nadie lo va a hacer, dignifiquemos nuestra casa mientras otros la ensucian, somos, a día de hoy, lo único que queda de esta hermosísima causa, y el domingo, habrá gente a 2.000 kilómetros de distancia pegada a la televisión, démosle Betis a aquellos que no pueden estar.

 

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