El patio del Colegio

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Un amigo común que lo conoce a la perfección en el plano profesional -y personal- desde hace años me dijo una vez: “Joaquín es un tío feliz jugando al fútbol. Pero también podría haberlo sido siendo carpintero, o camionero o lo que le hubiera dado la gana. Joaquín es feliz simplemente porque es así por naturaleza y ha tenido la suerte y condiciones de ser futbolista de élite… pero estoy seguro de que si hubiera elegido otra profesión, habría sido igual de feliz en la vida”.

Me acordé de esa frase el día después del partido contra el Deportivo de la Coruña, cuando Quique Setién dijo de Joaquín y de Guardado que “son dos niños jugando en el patio del colegio”… y por más vueltas que le doy a la frase y pese a que ha habido partidos con resultados más llamativos, lo cierto es que en lo que llevamos de temporada verdiblanca no he encontrado una reflexión que haya clavado mejor el mecanismo del fútbol del equipo de Setién.

Lo estamos viendo en cada partido sobre el tapete, y a estas alturas ya queda claro que no sólo es cosa del portuense y el mejicano, sino que toda la plantilla se ha contagiado de un estilo de juego alegre, que apuesta por el juego de toque y por buscar al compañero más cercano antes que pegar un balonazo… A veces es incomprensible lo mucho que pueden cambiar los futbolistas en apenas tres meses.

Pero si hay algo que trasciende todo discurso, incluso el de la verdad absoluta de que la pelota entre o no, es que la alegría innata de Joaquín es patrimonio del Real Betis. Es difícil encontrar un futbolista que despierte las mismas simpatías en otros aficionados – Andrés Iniesta si acaso, y por otras razones- que él. De sobra saben los béticos que la sonrisa del canterano, su filosofía de vida y su clase no están reñidos, sino todo lo contrario, con la lucha, la entrega y el sacrificio… bien haría el club en explotar, ahora que aún tenemos la suerte de disfrutar de él en el césped, el don de gentes y la espontaneidad de un “chaval” de 36 años que tiene la capacidad de hacer reír, y sonreír, incluso a fervientes seguidores del equipo rival de la ciudad.

Joaquín está destinado a ser, -si todos lo ven con la misma claridad y la serenidad con la que él se planta ante los porteros rivales-, el digno sucesor a medio plazo de otro gran emblema de este club, Rafael Gordillo… precisamente porque lo que ellos representan no es otra cosa que el espíritu bético, que como ya sabemos aglutina a partes iguales sencillez, simpatía, alegría, sufrimiento y esperanza, en una especie de imposible amalgama de alquimista, difícilmente comprensible para quien no lo haya mamado.

“Joaquín está destinado a ser el digno sucesor de Rafael Gordillo, porque ellos representan el espíritu bético: sencillez, simpatía, alegría, sufrimiento y esperanza” 

Imagino que Joaquín Sánchez tendrá muchas propuestas televisivas y de otro tipo esperando para cuando cuelgue sus botas y su camiseta con el dorsal 17… pero también estoy seguro de que su cuerpo supura sentimiento verde y blanco cada vez que lo cambian y el estadio corea su nombre poniéndose en pie. Béticos, no se equivoquen: están viendo jugar a un ídolo en activo que aún nos tiene que dar muchas tardes memorables, pitar a alguien así por un a tarde mala es una torpeza supina y lo que es peor, atenta contra el buen gusto de los béticos de toda la vida.

Mientras tanto, y hasta que su necesaria simpatía y ejemplo de Beticismo se alejen del césped, sigamos disfrutando de él y de los otros diez niños que cada dos domingos se lo están pasando de miedo jugando a la pelota en el césped del Villamarín. Al fin y al cabo…¿hay algo más bonito que jugar a ser niño en el patio del colegio?.

Mario Rodríguez Balbontín
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