He leído a Barbeito

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En la era del whatsapp, se hace difícil controlar los contenidos de aquello que uno recibe, y el otro día, alentado por algún incomprensible interés, alguien me remitió un artículo de Barbeito, así que sí, lo confieso, he leído a Barbeito, y el hombre está triste, echa de menos cierta exaltación de su triunfal periplo, a la vez que esconde en este anhelo un evidente malestar provocado por el hecho de que, los béticos, campen felices por haber alcanzado una pírrica victoria en un partido.

Resulta que al bueno de Barbeito, le llegó a las entretelas el eco de aquella noche que mojó en el rocío madrileño una pincelada de Betis.

Resulta que de pronto, al bueno de Barbeito no le salen las cuentas de la alegría y tras miles de triunfos históricos, se encuentra hastiado de éxito y la época de hoja caduca lo consume, apenas puede mantener la entereza hasta que en primavera llegue el próximo barquito.

Resulta que ni las vitrinas de nuevo cuño, ni la posibilidad de ser del equipo más antiguo de Andalucía, si bien es verdad que esta posibilidad convive con la de ser del segundo equipo más antiguo de Sevilla, ni la actual marcha de su equipo, ni nada, su cuerpo está tan hecho tan hecho a la gloria, que no ha podido soportar el esbozo de una sonrisa, que todavía es casi más de alivio que de alegría en Villamarín.

No me lo tenga a mal Barbeito, soy así, como en la fábula del escorpión y la rana, es mi naturaleza, la ilusión.

No me lo tenga a mal Barbeito, si mientras su furia vencedora apisonaba Dnipros y Basileas, yo pobre criaturita, apenas pude juntarme con 6000 infelices en Sabadell o Llagostera

No me lo tenga a mal Barbeito, mientras usted se deleitabas con la Juve, yo infeliz de mí, soñaba un futuro Gordillo en cada niño vestido del Betis que juega en la plaza, vivía en la utópica ilusión del gol en verdiblanco, en el pellizco de sus mañanas, en la absoluta sin razón de quererlo más en cada golpe, en la locura de asimilar Carlos Belmonte y San Siro, porque siempre que estuvo el Betis, me dio igual dónde y con quien, en el drama y el miedo de perderlo y en la fe de que siempre volverá, confieso, que se me eriza el alma con mirar hacia la palmera, y que a veces, me compensaría tan solo con verlo salir al campo, y no Barbeito, no es por falta de títulos, no me preocupan en absoluto las copas de su equipo, entre otras cosas, porque a pesar de nuestra diferencia de edad, entre usted y yo, el primero que vio una copa fui yo.

No me lo tenga a mal Barbeito, mi gloria no es que gane el Betis, mi gloria es ser del Betis, por eso, yo nunca tendré que esperar 60 años para ser feliz, por eso no voy por la calle como si nada, porque al contrario que usted, yo soy algo siempre, con barco o sin barco, en otoño y en primavera, no me lo tome a mal Barbeito, pero corta debe ser su pretendida grandeza si se intimida con un gesto de alegría ajena, para ser grande Barbeito, primero hay que ser humilde, porque tratar de ser grande sin ser humilde es confundir grandeza con arrogancia, y la arrogancia Barbeito, se cimbrea al primer golpe de mar.

“Para ser grande Barbeito, primero hay que ser humilde, porque tratar de ser grande sin ser humilde es confundir grandeza con arrogancia, y la arrogancia Barbeito, se cimbrea al primer golpe de mar”

No me lo tome a mal Barbeito, pero al final, yo, pobre criatura, condenada a no sé qué ritual de guardar cohetes (me pregunto dónde habrá aprendido usted esto), desde mi humilde teclado y mi corta presteza, dedico mis letras al Betis, y usted, aunque desde su atalaya se vislumbra el éxito, y aún desde la pretendida superioridad moral de aquel que cada primavera, como ha sido siempre, llena sus vitrinas, al final, aquí está tratando de justificar su precario credo, porque el Betis ha ganado un mísero partido.

¿Ve Barbeito? No me lo tome a mal, pero sí, es usted un pobre palangana, y mientras espera su barquito, allá por la primavera, el mío izará cada día sus velas, verdes, blancas y verdes, y empujado por el viento que se cruza en la bocana de Heliópolis, zarpará buscando la brisa que lo lleve rumbo a la esperanza, y créame, dará igual cuantas tempestades vengan, que cada noche por siempre volverá a atracar allí, al puerto seguro que custodian mis trece barras, porque como dijo el pregonero, ¿quién puede vencer a quién nunca va a cansarse?

“Mientras espera su barquito, allá por la primavera, el mío izará cada día sus velas, verdes, blancas y verdes, y empujado por el viento que se cruza en la bocana de Heliópolis, zarpará buscando la brisa que lo lleve rumbo a la esperanza, y créame, dará igual cuantas tempestades vengan, que cada noche por siempre volverá a atracar allí, al puerto seguro que custodian mis trece barras”

 

No lo tome a mal Barbeito, no me lo tenga a mal, no me culpe, como le decía antes, no soy yo, es mi naturaleza, la ilusión; yo tampoco le culparé a usted, pues los dos sabemos, que tampoco es su culpa, es simplemente su naturaleza, la soberbia.

 

Diego Granado Japón

1 COMENTARIO

  1. Enhorabuena. No por responder a un sevillista, no por hacerle ver que la soberbia es mala consejera, no porque alguien se crea superior sin ser lo, no por responder a la envidia, quién lo diría, ni por ninguna otra razón. Enhorabuena simplemente por ser bético. Gracias.

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