La generación interrumpida

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En 1982, se estrenaba la película española “Volver a empezar”, de un jovencísimo José Luis Garci. En ella, se contaba la historia de un escritor que tuvo que abandonar España por culpa de la dictadura, para irse a impartir clase al extranjero, donde se convirtió en una eminencia. La película pasó de manera poco menos que desapercibida en España, y solo obtuvo reconocimiento cundo ganó nada menos que el Óscar a mejor película extranjera, algo que nunca antes había hecho una producción nacional.

La hermosa historia finaliza con un mensaje del propio director: “Quiero rendir homenaje a los hombres y mujeres que empezaron a vivir su juventud en los años treinta; y en especial, a los que aún están aquí, dándonos ejemplo de esperanza, amor, entusiasmo, coraje y fe en la vida. A esa generación interrumpida, gracias”.

Cuando pienso en Manuel Ruiz de Lopera y los años contemporáneos del Betis pienso en eso: en la generación interrumpida que se ha ido por el sumidero de una gestión megalómana y alocada, que ha llevado al club a sus peores y más oscuros años de gestión.

 

La foto que me viene a la mente como punto de inflexión de esa generación perdida es siempre la  misma, la de un bético derrotado en su propio estadio con los ojos húmedos mirando a la nada, esperando que alguien le golpee para pensar que lo que está viviendo es un mal sueño.

Se pasó de finales de Copa y futbolistas de campanillas al infierno de los descensos. De las mieles de Europa a las espinas de Butarques y Condominas y de la gracia del chiste simpático a la chabacanería de la chaqueta con camisa de manga corta, los corticoles y los bustos en los palcos… Por el tiempo que transcurre entre el consuelo de Serra Ferrer a Alfonso en el césped del Bernabéu  en el 97 y los recientes juzgados de Alaya con la gomina brillante de Oliver se mueve, noqueada a base de tantos golpes, una generación interrumpida de Betis que ha perdido su esencia. Y el Betis sin esencia no es nada.

Toca creer. Ha vuelto don Lorenzo a ser el sol de muchas esperanzas béticas, lo que viene a confirmar una gran noticia para la fiel infantería de Heliópolis: habrá trabajo, sacrificio, seriedad y amor por sus colores… pero que nadie se engañe: por más anchas que el balear tenga la espaldas no todo el peso debe recaer sobre él. Ojo a eso.

 

Tiempo es ahora de resarcir de las penurias a tantos béticos que están hartos de mirar embobados a la nada, mientras quieren que los despierten del mal sueño. Como en la película, es hora de “volver a empezar” y restituir el daño y el tiempo perdido de toda una generación interrumpida de béticos. Casi ná.

Mario Rodríguez Balbontín
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