…Rememorando el espíritu de LA MARCHA VERDE 

«VUELVEN, BETIS, LAS VIEJAS BANDERAS DEL SETENTA Y SIETE»

M. Fernández de Córdoba 

10 de junio de 2005 Será día, niño, este de hoy, para juntar todas las emociones y apretarlas en un haz con las manos como se aprieta el romero en tardes de albero y de gloria; día en el que las viejas banderas de aquel año del setenta y siete del siglo pasado vuelvan porque nunca se habían ido del todo; día éste en el que la marcha verde, blanca y verde va camino de Madrid, con la misma fe y el mismo entusiasmo con que se iba, carreterita y manta, a Utrera, para conquistarla de nuevo y, qué casualidad, hacerlo en el mismo campo donde las lágrimas de entonces fueron de alegría y de emoción.
También, porque todo se hace sentimiento en su leyenda, cuando hubo que ir, y se fue, a campos de polvarea y hasta para sufrir, que es algo que acentúa la fe en verdiblanco, siete años, como las siete plagas de Egipto, en Tercera y, cuando muchos pensaban que allí acababa su leyenda, fue allí, precisamente desde los sótanos de las clasificaciones, donde naciera ese manquepierda, que no es blasón de pesimismo sino de la capacidad de volver a la vida de un club al que no había forma de quitarlo de en medio y hasta convertirlo en el también soñado manquegane.
Hoy será día también, en el que se acumularán en verdiblanco todos los recuerdos del ayer que sólo se supieron por la tradición oral de los que se fueron para siempre para que las nuevas generaciones vayan entendiendo qué es, qué significa, qué representa y qué se puede esperar de un Betis, lo mismo el todo que la nada: puede ganar una Copa, esta noche se verá, después de haberse metido en la Champions para que los béticos más jóvenes empiecen a entenderlo, aunque nunca llegarán a comprenderlo, tanto si sale cara o cruz en toda su historia, y los mayores le expliquen que la mejor manera de comprenderlo es quererlo. Quererlo con Copa y más, todavía, sin ella.

«LA MARCHA VERDE» 
Antonio Hernández 

Esos y los béticos, siete años en Tercera sufriendo el calvario y con más moral que Luis Uruñuela. Qué tiempos aquellos, compadre. Con Franco eramos más sufridos. Me acuerdo que una vez fuimos a jugar a Utrera y hasta en patín se desplazaron béticos al pueblo de la Fernanda y la Bernarda. Treinta mil béticos, sin contar los otros treinta mil que eran de allí, todos como la madre cabal del juicio de Salomón, a ver de quién querían el triunfo. La marcha verde fue aquello, en camiones, en bicicletas, a pie, en carros, como en la vendimia de. una finca infinita. Yo, por entonces, era un tapón de alberca, un chavalillo, un aprendiz de bético. Y recuerdo que me dijo mi padre como si le estuviera hablando a un hombre: Ponte la blanquiverde, trinca la bandera y móntate en el Balilla, que ya vamos a estar donde la Virgen de Consolación. Fuimos mi madre, mi abuela Encarna, mi padre, mi tío Juan, mi hermano y yo, más contentos que unas pascuas, y, aun así, como piojo en costura, metimos en la caja de mixtos a dos béticos más que iban andando. Andando iban muchos más, cientos de béticos y de béticas en hileras, como a una romería. Béticos con sombreros, destocados, en alpargatas, con botas, sin camisa, en traje corto. Y béticas hasta vestidas de gitana…» …Que sí, compadre, lo que yo le diga: a ver, ¿quién es el equipo que ha puesto la verdiblanca más lejos? Dentro del Continente, el Betis, que llegó hasta Tibilissi….De la bandera no hablemos. La bandera, porque es la de Andalucía, lo dice todo en su lema: por sí, por España y por la humanidad. Igualito que la del Sevilla, que es por sí, por Los Remedios y por el barrio de Nervión. Es, que no llega a Triana. Y, compadre, esta sí que es una palabra mágica. Decir Triana es como decir cielo, como decir Dios, como decir Betis… 
…Que sí, compadre, lo que yo le diga: a ver, ¿quién es el equipo que ha puesto la verdiblanca más lejos? Dentro del Continente, el Betis, que llegó hasta Tibilissi….De la bandera no hablemos. La bandera, porque es la de Andalucía, lo dice todo en su lema: por sí, por España y por la humanidad. Igualito que la del Sevilla, que es por sí, por Los Remedios y por el barrio de Nervión. Es, que no llega a Triana. Y, compadre, esta sí que es una palabra mágica. Decir Triana es como decir cielo, como decir Dios, como decir Betis… 
Y la Esperanza de Triana, esa Virgen tan guapa y tan gitana que le pone a media Sevilla el corazón en un puño cuando sale el Viernes Santo y trae a la tierra un pedazo de cielo. A la otra media se lo trae de chiripa la Macarena, pero lo que le trae no es un pedazo, sino una mijita, una hebra, porque todos somos hijos de Dios. Y no es que yo diga que la Macarena es menos Virgen, sino que los sevillistas la disminuyen. ¿Dónde están los toreros, los saeteros gitanos, las cupletistas de tronío y las mariconas graciosas sino en el Puente? ¿Dónde Curro Romero, Curro Malena, Marifé o la Esmeralda? Al lado de su Betis, o sea, con su Esperanza, ojos de balloneta, cosas de mujer, mezcla de madre de Dios y madre de los hombres. Esperanza, guapa, guapa y guapa, le decimos, compadre, que usted lo ha visto, borroso todo por las lágrimas… 

«EL MANQUEPIERDA Y LAS LAGRIMAS DE ALFONSO»
Antonio Burgos, El Recuadro (Diario El Mundo) 

Yo he visto en esta noche las lágrimas de Alfonso, manzanares de rabia con un viejo color, guadalquivires llenos de un verde de esperanza, que se quedó vacía, una flor sin olor. Yo he visto en esta noche a otros cien mil alfonsos, los que siempre esperaron, que es el verde el corazón, los que gritan a veces, y a veces en silencio, las lágrimas se tragan y sueñan, que es mejor.Ganar en la derrota es lo nuestro de siempre, crecerse en el castigo; de tripas, corazón. Del fondo de los tiempos vinieron desde Utrera los viejos autobuses, y Gordillo, y Del Sol, y también Larrinoa, Urquiaga, Areso, Aedo, la Liga que ganamos y el gol al Palamós. Y vino el Iliturgi, la Balona Linense, con Portu y Vilariño, Tercera División, y el España de Tánger el domingo que viene, a este paso jugamos también la promoción, a este paso hasta El Chato, que de Moguer le llaman, alquilará gargantas que puedan gritar gol. Y Curro en sus periódicos, con un babi azulina, en plena calle Sierpes lo dirá en un pregón, que vienen en el Marca estas grandes hazañas que Romero Murube a un jazmín le contó. Y aquí está don Benito y Pascual Aparicio, también Sánchez Mejías, aquel que mereció la más bella elegía que nunca le escribieron a un presidente bético, que un toro lo mató y vino García Lorca a decir en sus versos que nunca encontraremos un andaluz mejor.
Sigo viendo esta noche las lágrimas de Alfonso, la rabia, el viejo grito que en el aire quedó, el Betis manque pierda, y esta vez ha perdido, pero siguen los sueños, y ahora digo que no. Que ahora escucho los cantos de las llenas tribunas, las banderas de verde, de las yerbas de olor, de arrayán, yerbaluisa, de alhucema y Romero, el sueño de un capote que su Betis soñó. Y lloran las banderas con sus verdes colores, pañuelos las bufandas en esta noche son, como Alfonso en el césped, mis lágrimas me dicen, que sumo trece barras, la antigua conclusión. Que esto de ser del Betis, de sentir sus colores, de entender sus derrotas, es una religión, que Serra es oficiante y Madrid es un templo, y a órgano resuena la voz de la afición. Grita Betis, mi Betis, y alarga las vocales, y alarga el sentimiento, es más fe que afición, un sentimiento trágico de lucha con la vida, porque es siempre lo malo mejor que lo peor, de sacarle partido a la amarga derrota y hallar amaneceres en la puesta de sol. 
Aquí ni el Rey de España, que es bético de cuna, que es hijo de una abuela que al Betis le salió,que a la vieja corona, en su silla de ruedas, con aplausos augustos viene a darle sidol… Aquí ni el Rey de España, mis señores del Betis, consuela a nuestro héroe, que Alfonso es vencedor del tiempo y del espacio en la yerba tan verde, pero a todos los béticos nos gana el corazón. Y siguen, tan corales, tan solemnes, los gritos, que dicen Betis, Betis, y suenan sin dolor, que suenan como siempre, a orgullo de ser béticos, el temple que los siglos le dan al perdedor. 
Y nosotros, Alfonso, lloramos con tus lágrimas, y suenan en Sevilla, en la torre mayor. Veintiocho de junio, es víspera esta noche, del día de San Pedro, el que también lloró. Ya nos trae por las gradas, columnas y cadenas, uniformes, penachos, a la Banda del Sol, un bético, Rogelio, montañés de Heliópolis, lo conoces, Conejo: el hijo de Trifón. Y suben a la torre clarines de victoria, a llorar a San Pedro o a llorar la ilusión, no lo sé, que al magnolio que está frente a la Lonja, lo encuentro en esta duda, igual que tengo yo. Ya suben por las rampas, ya están en las campanas, se asoman a la torre, que parece un balcón, que parece la plaza, nuestra plaza de toros, el chiquero, el tendido, las seis en el reloj, y el balcón torilero con sombrero de alancha, clarín a lo divino que se oye desde el sol parecen estas lágrimas, tan béticas que suenan, ¿son de Pedro, del Betis? Rogelio, ¿de quién son? ¿De Alfonso, de Esnaola, o del otro Rogelio, el que dijo a Iriondo «no corro, que es peor, que corren los cobardes y el Betis victorioso sabe templar despacio, belmontino, el balón»? Ibas a florearlas si hubiéramos ganado. Y la estás floreando, clarín, Banda del Sol, una luz en la noche, cohetes en Triana, rezos en San Lorenzo, porque aquí quien venció fue el Betis sempiterno, la Giralda más fuerte. 
Los hombres sólo lloran si tienen corazón. 

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